El choque inicial que rompió expectativas
La temporada arrancó con un tremendo revés: City perdió contra un equipo que nadie consideraba rival. Solo dos minutos antes del descanso, Kevin De Bruyne se quedó sin balón y el rival marcó. Un golpe de realidad que tiró la guardia del conjunto. Aquí la lección: la complacencia mata.
Cuando la táctica dejó la cancha
El entrenador intentó un 4‑3‑3 sin presión alta. Resultado: la defensa quedó descolgada, y el contraataque se convirtió en bisagra. Tres goles concedidos en diez minutos. En el aire se escuchó un suspiro colectivo. Eso sí, la respuesta fue rápida: cambiaron a un 4‑2‑3‑1 y la máquina volvió a rugir.
Ventaja inesperada: la jungla del mediocampo
Un gol de Raheem Sterling contra el Liverpool en la jornada 12 fue la chispa. El balón se deslizó como un rayo, la defensa rival se quedó mirando. Esa jugada, de 12 segundos, abrió la puerta a una racha de cinco victorias consecutivas, una secuencia que nadie vio venir. Un ejemplo claro de cómo un momento brillante puede transformar todo.
Derrota que cambió la mentalidad
En la ronda de la FA Cup, City cayó ante un equipo de segunda división. Un error de pase barato a un defensa, y el balón terminó en la red. Todo el equipo se quedó en silencio, la afluencia de la afición se volvió pesada. Ese tropiezo obligó al cuerpo técnico a reevaluar la preparación mental.
Claves de los triunfos posteriores
El regreso de Phil Foden a los entrenamientos intensivos marcó la diferencia. Su visión de juego, su velocidad, y la capacidad de crear espacios en la última zona. Los partidos contra el Chelsea y el Tottenham mostraron una City que volvió a imponer su estilo, controlando el ritmo y explotando la banda izquierda como nunca antes.
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